Hace un montón de años que a partir de las 7 de la mañana coincido con un personaje cuyo lugar de trabajo es la propia calle y que camina por la acera arrastrando un carro con pala y cepillo en ristre cumpliendo con la obligación de recoger aquellas muestras de incivismo ciudadano que son producto de una muy mala praxis de comportamiento amén de hojarascas y otros desechos de la flora ciudadana.

Cuando me topo con él, nos saludamos con una generosa sonrisa al tiempo que nos deseamos un feliz día para lo que resta de él. En su uniforme destaca el nombre de EMAYA, una empresa pública del Ayuntamiento de Palma, que tiene como uno de los principales cometidos el cuidar de que nuestro Ayuntamiento presente una ciudad limpia. Sé muy bien que el trabajo que desarrolla nuestro personaje no es un caso aislado en el comportamiento de la plantilla que cada día pisan estas calles apuntándose al finalizar su jornada laboral una gran satisfacción por el deber cumplido.

Después me reconduzco en el pensamiento de otros operarios que visten la misma prenda con idéntico nombre estampado en ella: conductores y sus ayudantes, los que reparan las conducciones de agua potable e incluso las fecales, los que riegan el caluroso firme de las calzadas y aceras… y más que también, en silencio nos hacen simplemente más digerible la convivencia en nuestras calles.

Y miren qué me postulo a proponer para que agradezcamos su trabajo en nuestro beneficio enviando reconocimientos por escrito al Sr. Alcalde de Palma. De verdad que se lo merecen y que nunca les será reconocido de motu propio, e incluso diría más, deberían los dirigentes de Recursos Humanos de la empresa pública municipal blindar a todos los trabajadores para que a los inconvenientes de su gestión se les garantizaran a perpetuidad el derecho a trabajar en la empresa. Naturalmente deberían excluirse a aquellos de libre designación, por razones obvias.

Si nos paseamos por nuestra ciudad podremos comprobar dos hechos muy puntuales. El primero es que los contenedores no tienen la capacidad suficiente para atender las necesidades de los ciudadanos quienes en muchas ocasiones se ven obligados a depositar sus diferentes desperdicios en el suelo al lado de los mismos, lo cual nos lleva a preguntarnos si en EMAYA existe algún departamento, sección o área que de forma permanente vele por estudiar las necesidades de la población y si el modelo de recogida en vigor puede ser modificado para dar cumplida atención a esas necesidades.

Y el segundo, la constatación del comportamiento del ser humano que en muchas ocasiones llega a rayar el incivismo. Hay multitud de papeleras que atienden cada día los esforzados trabajadores para que puedan ser utilizadas en beneficio de los propios peatones y residentes pero algunas, también plantean algún pequeño problema de sobresaturación de contenido, y como he escuchado en alguna ocasión… “aquests barrenderos no fan ni brot”. Y mi respuesta se ha podido escuchar siempre contestando a quien así interpela… “No es un problema de escombraires sino de l’empresa per no posar els mitjans necesaris per rersoldre la situación i del ciutadans que no tienen un comportament civilisat” Y en los dos puntos me reafirmo. ¿Hay suficientes directores de área para resolver un asunto tan sencillo como el de que esos trabajadores públicos que ocupan cargos con responsabilidad deban velar por los intereses de quienes pagamos una escandalosa cifra anual en forma de tasa municipal?.

La culpa no es de los barrenderos de a pié, motorizados o palitos.

La última noticia publicada en Tele5 con todo lujo de detalles, recogiendo información del desastre de la plaza de España y denunciado por los diarios de nuestra Isla y alguno a nivel nacional nos tiene que avergonzar. ¿Será que le tienen manía a Jaume I? ¿La Plaza de España convertida en un estercolero?

¿Y no será de aplicación el punto 3 del artículo 58 titulado Faltas muy graves, que dice: “el fraude, deslealtad o abuso de confianza en el trabajo”? Pues miren que en los directivos responsables de las áreas, departamentos o servicios que tienen a su cargo la responsabilidad de atender los hechos comentados podrían darse los tres supuestos, y nadie ha movido un dedo para resolver el problema.

Imagino que el asunto no debe ser fácil de solucionar, pero nada se arregla si no se aplican los medios suficientes y ¡ya!

Los trabajadores que cada día pisan trabajando la calle con 35 grados de temperatura durante el día y próximos a los 30 por la noche, merecen una mejor calidad de vida. ¿Es mucho pedir eso a la dirección de cualquier empresa?

¿Será más fácil matar al mensajero? Pues vayan ustedes preparando funerales.

Acerca del autor de la publicación

Víctor Gistau

Periodista | Director Área Internacional
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