La humanidad ha sobrepasado la cifra récord de 8.000 millones de seres humanos, de los cuales, entre 50 o 60 millones sufren Alzheimer; por decirlo de otra manera, es como si España se hubiera transformado en un gran asilo de seres humanos en proceso de deterioro mental. Pero esta enfermedad, que sin duda está causando sufrimiento y dolor a muchas personas, puede ayudar a comprender ciertas carencias que como humanos estamos padeciendo, y que van estrechamente ligadas a nuestra forma de vivir, de pensar y de sentir. Todo depende del uso que durante la vida hagamos de nuestras capacidades y el desgaste que producimos a las mismas, especialmente cuando no nos preocupamos de controlarlas y valorarlas como se merecen.

La mente, que es una herramienta potente, debe ser regida con mesura y con criterio, ya que el potencial que se desprende de la misma es infinito. Por describirla de una manera gráfica, es el mayor y más potente disco duro que jamás el ser humano podrá construir nunca de manera tecnológica. Pero como toda herramienta debe ser usada con sabiduría, con criterio y conciencia. Todo cuanto hacemos en la vida pasa por la mente, por ejemplo la acumulación de ideas, de hechos, de experiencias, de costumbres, de recuerdos, de sentimientos, de proyectos, etc., por tanto, por muy sencilla y simple que sea nuestra vida, siempre habrá en ese disco duro la suficiente información que nos ayudará a no quedarnos vacíos y bloqueados a la hora de vivir.

La mente es sin duda impredecible

Pero en el mundo interior de la persona, es importante la observación continua que nos haga comprender qué es lo que necesitamos mantener presente en nuestra mente y qué ha de pasar a la reserva. Porque la mente no nos pide permiso alguno, ella parece andar sola, captando todo sin censurar nada; desde lo más pequeño e insignificante hasta los momentos más sublimes y misteriosos que nos envuelven la vida, allí está ese pequeño músculo neuronal, cargado de una energía misteriosa y coordinando cada una de nuestras percepciones y recuerdos. Es como si trabajara sin descanso de manera automática, sin reglas a seguir, sin moralidad a la que obedecer, sin límite ni distancia prohibida, sin órdenes preestablecidas que la conduzcan.

La mente es sin duda infinitamente impredecible y requiere que se le atienda como a una reina, con atención, con respeto y en cierta manera con veneración. No admite titubeos ni dudas, sino seguridad y claridad a la hora de rendirle cuentas. Por eso, cuando acudimos a ella, nos sorprende de manera infinita por el exquisito orden que mantiene en sus archivos. Y así, cuando acudimos a recuperar nuestros recuerdos, podemos sorprendernos de la infinidad de detalles que acumula y que de manera natural nos devela a cada momento, sea la situación que sea, sea el momento que sea, inclusive hasta de dormidos.

Cuanto más tranquilos estemos, más claridad le daremos a nuestra mente

La importancia que tiene observar ese orden, es crucial porque nos hace comprender el alcance que puede tener nuestra memoria; de esta manera nos podemos situar en cualquier sitio, espacio, lugar o situación, y ver aparecer como por arte de magia, todas aquellas cosas que la mente ha almacenado y que no nos habíamos dado ni cuenta. Y es en ese momento cuando empieza un baile impresionante de recuerdos como jamás habíamos imaginado que existiera, un viaje a cada uno de los rincones de nuestra vida y de nuestro entorno, un viaje desde nuestra butaca mental, cargada de elementos, de detalles y de descripciones matemáticas de todos y cada una de las experiencias que conforman el tejido de la red de vida cotidiana almacenada en nuestra mente.

Y como todo viaje, este comienza con la búsqueda de lo perdido, de lo escondido o guardado, de lo ordenado o lo almacenado. Cuanto más tranquilos estemos, más claridad le daremos a nuestra mente para que esta busque automáticamente aquello que precisamos, desde un papel en un cajón determinado, a una cuchara, plato o vaso; desde un clínex, a un libro en la estantería del comedor, o el lugar exacto donde tengo guardados archivos en una memoria pen; desde el cortaúñas, al programa de fotografía con sus infinitas posibilidades creativas. Desde las marchas del auto, al difícil aparcamiento que tanto cuesta recordar, pasando por la entrañable frase de nuestro querido filósofo de turno, el cumple de nuestra hija, el último beso a la suegra, aquel número de teléfono que tanto me costó recordar, o cada una de las fotografías que conforman el nutrido álbum de fotos familiar.

Relajarnos para ser libres

Infinitos detalles se aglutinan en la mente, detalles ordenados según temas, personas, aficiones, trabajo, sentimientos, ideas, etc. Todo metido en ese pedacito de músculo que la naturaleza ha tenido a bien conservar intacto durante décadas a través de nuestra frágil vida. Sin duda, estamos extraordinariamente dotados de una inmejorable herramienta, la cual no valoramos con justicia hasta que un día perdemos uno de esos recuerdos; cuando se nos ha olvidado un teléfono, cuando no sabemos dónde hemos dejado las gafas, o si hemos cerrado la puerta con llave, o si confundimos el nombre de nuestro perro con el de nuestra hija, en un arrebato de sentimientos enfrentados.

No importa el motivo por el cual la mente deja de ofrecernos en un momento dado sus servicios al 100%, lo único que importa es comprender que debemos bajar la intensidad de nuestras necesidades humanas, relajarnos y disfrutar de este viaje que es la vida y que, por lo que hemos llegado a comprender, al final, la misma precisa de pocas, muy pocas cosas para ayudarnos a ser libres.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Abrir chat
1
¿Cual es tu información o denuncia?
GRUPO PERIÓDICO DE BALEARES, tan pronto nos resulte posible, será atendido, gracias.