Don Álvaro Figueroa y Torres, Conde de Romanones fue un político liberal elegido Alcalde de Madrid y posteriormente Presidente del Congreso de los Diputados, Presidente del Consejo de Ministros en tres ocasiones, Presidente del Senado y Diputado en las Cortes de la Restauración, de las Cortes Republicanas y de las Cortes Franquistas.

Y en este escrito le traigo a colación por ser alguien que en un solo año “promulgó la incorporación del sueldo de los maestros al presupuesto general del Estado (y hasta hoy), “la reforma de la enseñanza primaria” (y hasta hoy), “una ampliación de la edad escolar obligatoria” (y hasta hoy), “oficializó mediante un Decreto la jornada laboral de ocho horas” (y hasta hoy), y también “aprobó oficializándose el Retiro Obrero” constituyéndose el primer seguro de jubilación para los trabajadores en España (y también HASTA HOY)

Como no podía ser de otra manera los catalanistas de la Lliga Regionalista le bloquearon absolutamente todos los proyectos legislativos en el Congreso de los Diputados y antes de aceptar cualquier negociación chantajista presentó su dimisión con todo su gabinete ministerial.

Y por todo esto, Don Álvaro Figueroa y Torres, Conde de Romanones, sí ha pasado a la historia y no como ufanarse en hacerlo otro presidente del gobierno español que uno de sus méritos es, según sus propias manifestaciones en el otoño de 2022, “haber exhumado al dictador (Franco) de un gran monumento como el que él construyó en el Valle de los Caídos”.

Pero ¿de verdad estamos escuchando a un señor que dice que gobierna el Reino de España tal hazaña para que le citen gloriosamente en la Historia del Mundo mundial? ¿De verdad?

Porque si de hechos que justifiquen que algún historiador le reconozca méritos suficientes como para dedicarle un capítulo en su relato será el de haber protagonizado el mayor desastre del tratamiento de una pandemia como la del COVID-19 con casi 116.000 muertos a 23 de Noviembre de 2022. O la reciente promulgación de la ley “Solo si es sí” de su inefable Ministra de Igualdad y que esta misma personaje de tragicomedia que utiliza el “Falcon” para irse de francachela a los EE.UU. con un grupo de tres mujeres más de su gabinete ministerial con el fin de “reforzar la agenda feminista y los derechos reproductivos de las mujeres” como si Victoria Woodhull, primera feminista en USA en el siglo XIX nunca hubiera existido y las mujeres americanas necesitaran de la Sra. Montero para abrirles los ojos sobre sus derechos feministas. O ceder al chantaje de los expresidiarios independentistas catalanes para eliminar el delito de sedición del código penal para que las penas sean solo un detalle sin importancia para cuando vuelvan a intentar la misma felonía, que, según han dicho por activa y pasiva, lo volverán a intentar. O la propuesta de ley sobre los derechos para el cambio de sexo discutida hasta por los mismísimos votantes del PSOE. Y, en fin, otras tantas cosas que pasan por las cabecitas locas de todos, todas y todes de los, las y les apoltronados con cargo a los impuestos que pagamos los españoles, y que preside el Marqués de Falconeti.

Pero no, prefiere atribuirse un mérito histórico al haberse considerado el sepulturero mayor del reino aunque el trabajo físico lo hicieran otros.

Y ya que hablamos de muertos, bueno sería recordar que Noviembre es el mes que se representa una obra cumbre de la literatura española firmada por el vallisoletano José Zorrilla y que es Don Juan Tenorio. La pieza teatral se trata de un drama con tintes religiosos y en el que la muerte formaba parte de la estadística del propio relato.

La escena del cementerio y la cena posterior en su mansión parece como un traslado de los dos personajes en 1.844 y 2022 uno en Sevilla y el otro en Madrid.

Veamos en palabras de Don Juan:

Ya estoy aquí amigos míos.

Que Don Juan no se arredra.

Alzaos fantasmas vanos

y os volveré con mis manos

a vuestros lechos de piedra

Y es precisamente en Sevilla donde empieza la siembra de cadáveres políticos que después sentencia…

Jamás ni muertos ni vivos

humillaréis mi valor.

Yo soy vuestro matador

como al mundo es bien notorio,

y si en vuestro alcázar mortuorio

me aprestáis venganza fiera,

daos prisa que aquí os espera

otra vez Don Juan Tenorio.

Y efectivamente, ese reguero de cadáveres políticos continúa desde su torre de marfil.

Después como no hay ningún vivo al que llevarse al patíbulo del olvido, se las rebusca para hurgar entre los muertos, y así en su invitación a cenar…

Tú eres el más ofendido

más, si quieres, te convido

a cenar, Comendador.

Que no lo puedas hacer

creo y es lo que me pesa,

más por mi parte en la mesa,

te haré un cubierto poner,

y a fe que favor me harás

pues podré saber de ti

si hay más mundo que el de aquí

y otra vida en que jamás,

a decir verdad creí.

E insiste, porque su persistencia en la estupidez del pensamiento se centra en sacar el cadáver del máximo mandatario en tiempos pasados de su sepulcro habitual, y dirigiéndose a su Jefe de Gabinete…

Ciutti, pon vino al Comendador

y a fe que si él no puede venir

de mi no podréis decir

que en su ausencia no le honré.

Brindo a que Dios te dé la gloria, Comendador.

Al final el cadáver se exhuma y nuestro personaje se encuentra en el sueño de una alegría incontenible al que nadie le prestó atención a parte de un par de fotos e imágenes televisivas, y como el Comendador acude a la invitación forzado por las circunstancias de un par de helicópteros y coches fúnebres, se encierra en una profunda meditación…

Con que hay otra vida más

y otro mundo que el de aquí,

con que es verdad ¡ay de mí!

Porqué ¿por mí doblan las campanas?

¿Y esos cantos funerales?

¿Y aquel entierro que pasa?

¿Muerto yo?

La suerte está echada y la muerte política se ha consumado, pero sigue en su sueño…

Aparta piedra fingida

suelta, suéltame de esa mano

que aún queda un grano

en el reloj de mi vida.

Suéltala que si es verdad

que un punto de contrición

da a un alma la salvación

por toda una eternidad,

yo Santo Dios, creo en tí.

Pues yo creo que algo más de 365 días más o menos, y se produce una auténtica confesión…

Si es mi maldad erudita

y tu piedad es infinita,

Señor ten piedad de mí.

Los muertos políticos no pueden dejarse en las cunetas, al tiempo huelen

Y colorín colorado esta historia se ha acabado.

Moraleja: Deja descansar a los muertos, porque ellos también se acuerdan de ti.

Acerca del autor de la publicación

Víctor Gistau

Periodista | Director Área Internacional
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