(I) Delincuencia y medios de comunicación social

(II) Delincuencia y medios de comunicación social

(III) Delincuencia y medios de comunicación social

(IV) Delincuencia y medios de comunicación social

Desde aquí se debería hacer una reflexión sobre la utilidad que podría tener el hecho de utilizar los medios de comunicación como instrumento para prevenir la delincuencia y luchar contra ella. La divulgación de noticias sobre la eficacia de las fuerzas del orden o la velocidad con la que concluyen los procesos penales imponiendo sanciones disuasivas lleva a los delincuentes potenciales a cometer menos delitos o a renunciar a sus proyectos.

Por el contrario, ante una imagen de justicia lenta o ineficaz, los futuros delincuentes tendrán un motivo más para realizar el hecho. Además, la confianza de los ciudadanos en el sistema les impulsará a aportar pruebas o presentar denuncias por los hechos cometidos.

Pero el aspecto decisivo del papel de los medios de comunicación en la lucha contra la delincuencia puede y debe realizarse proporcionando a los ciudadanos información sobre comportamientos sociales considerados poco alarmantes a los ojos de la colectividad para no crear una alarma social.

Porque, ¿podríamos afirmar que los medios de comunicación generan violencia?

Probablemente no, sin embargo, sí que pueden llegar a crear una inseguridad ciudadana que provoque un os mayores índices de delincuencia.

Está claro que la violencia llama a la violencia, y el miedo genera miedo.

“LA TEORIA DE LAS VENTANAS ROTAS”
Este hecho lo podemos explicar a través de la Teoría de las Ventanas Rotas, una teoría que versa sobre el contagio de conductas incívicas, de Wilson y Kelling (1982).

Estos autores lo explicaban así: «si la ventana de un edificio aparece rota y no es arreglada rápidamente, no pasará mucho tiempo para que el resto de los cristales corran la misma suerte”. El mensaje es claro, una vez que se empiezan a desobedecer las normas que mantienen el orden en una comunidad, ésta se empieza a deteriorar a una velocidad sorprendente. Las conductas incivilizadas se contagian.

Muchos ciudadanos pensarán que el crimen, sobre todo el crimen violento, se
multiplica, y consiguientemente modificarán su conducta. Usarán las calles con
menos frecuencia y, cuando lo hagan, se mantendrán alejados de los otros,
moviéndose rápidamente, sin mirarlos ni hablarles.

No querrán implicarse con ellos. Para algunos, esa atomización creciente no será relevante, pero lo será para otros, que obtienen satisfacciones de esa relación con los demás.

La teoría de las ventanas rotas se puede aplicar a la situación que vivimos actualmente donde no solamente las cosas están mal, sino que los medios de
comunicación no dejan de comunicarlo con pesimismo y desilusión. Este mensaje ha calado en todos nosotros y desde un plano inconsciente lo vamos contagiando a todos los que nos rodean, rompiendo ventanas a nuestro alrededor.


Como ya hemos observado, los medios están controlados por empresas privadas en su gran mayoría y por tanto buscan un beneficio económico que nada tiene que ver con el beneficio moral y humano que deberían transmitir.

Ese interés económico, en muchas ocasiones, se busca a través de rumores que promueven los diferentes medios de comunicación buscando ese beneficio
de las empresas a las que pertenece.

Es decir, se dedican a tirar piedras a las ventanas para “crear” la noticia que más interesa. Cuando la situación económica es inestable se produce un caldo de cultivo que propicia el nacimiento de los rumores (nuestras ventanas rotas).

Estos pueden desencadenar comportamientos de pánico o incluso alterar la confianza de los ciudadanos en el sistema, entre otros. Las noticias son un arma potente y nosotros, como ciudadanos, debemos tener en cuenta la manipulación de la realidad que, en muchas ocasione s, hacen los medios de comunicación.

Hay gente interesada en que sigamos “rompiendo esas ventanas”, o las rompen ellos mismos, para generar más pánico, en lugar de arreglarlas y reconstruirlas. Así, cuando un rumor o una mentira es aceptada puede convertirse en realidad.

Por eso, debemos aislarnos del ruido que producen esos cristales rotos (los rumores/noticias manipuladas) y así poder ser objetivos, de manera que según caen los cristales rotos de las ventanas podremos ir reparándolas.

Acerca del autor de la publicación

LUÍS SANTOS

Investigador criminólogo y Criminalística. Lleva casos de errores judiciales...entre otros.
Abrir chat
1
¿Cual es tu información o denuncia?
GRUPO PERIÓDICO DE BALEARES, tan pronto nos resulte posible, será atendido, gracias.
A %d blogueros les gusta esto: