Abnegada, entregada y con su sonrisa más cálida garantizo a su numerosa familia noches de paz en su hogar.

Francisca, casada el 14 de abril de 1979 a los 18 años, madre de tres hijos, abuela de 10 nietos y esposa de Norberto, director de banca prejubilado desde hace años.

Su marido siempre fue un tipo bien plantado que aró su generoso corazón dejando un nuevo y profundo surco con cada traición, con cada cena e interminable reunión que ella sabía que pasaba con sus «otras» a los que él llamaba «directivos y clientes».
Después, tras prejubilarse, fue mucho más descarado, la mitad de las noches las pasaba en otros hogares, con sus amantes fijas…

Pero este año, fue diferente. La mujer de un coronel, Antonella, una de las nuevas fijas de «su» Norberto, se había presentado en la puerta de su casa, la víspera de año nuevo, para conocerla y pedirle que dejara a su marido rehacer su vida con ella… era una mujer de madurez esbelta, y como no, diez años más joven que ella.

Sí, pensó Francisca con una agridulce sonrisa, a todas las enamoraba pero las tenía convencidas de que lo único que impedía que fueran las únicas es que él jamás podría dañar a su santa mujer o sus adorados hijos y nietos haciéndoles despertar del idílico matrimonio y amorosa cohesión familiar de la que habían disfrutado.

Entonces, Francisca, por primera vez, sintió compasión por la mujer que tenía frente a ella, sentada en una de las butacas del salón decorado con entrañables motivos navideños. Ahí, junto a la calidez de la chimenea, en un instante de latente emoción, le explicó con todo detalle, hasta donde ella conocía, con cuántas había estado su marido y con quién estaba ahora, además de ella, pues, ya saben, Palma es pequeña y cuando tienes muchos conocidos todo se sabe. Incluso le contó lo de su operación para poder seguir teniendo un miembro viril funcional realizada por el mítico Dr. Barbará Rosselló, conocido graciosamente en su gremio como «el pito de oro».

Antonella, nombre que hace honor a sus orígenes sicilianos, con el corazón partido y el amor propio herido, le pidió perdón y disculpas por haber estado tan ciega ante el personaje que le describía la esposa del hombre que le había robado algo más que su dignidad. Acto seguido, se levantó, le dio la mano en total silencio, con los ojos llorosos, no hizo falta nada más. Francisca la acompañó a la puerta y se fue. Sólo volverían a verse una vez más, tres días después, en un lugar muy diferente.

Norberto, desaparecido desde la madrugada del uno de enero de 2023, no había dado señales de su paradero a nadie, ni amigos, familiares o amantes… De hecho, ese primero de enero, él mismo no supo donde estaba, lo único que recordó es el haberse quedado dormido fulminantemente cuando estaba en una fabulosa habitación del hotel rural Predi Son Jaumell, un edificio exquisitamente reformado del siglo XIV declarado patrimonio histórico de Mallorca. Se dice que fue el refugio del Rei Jaume II de Aragón.

Una joya, convertida en hotel rural con tan sólo 24 suites, y que alberga el restaurante del chef Andreu Genestra galardonado con una Estrella Michelín y una Estrella Verde. Rodeado de encinas milenarias y junto a las mejores playas de Mallorca.

Él era un asiduo del histórico lugar, siendo muchas veces sus paredes así como el exquisito servicio, cómplices de sus hazañas de Don Juan…
Pero, de repente, al recuperar la consciencia, se halló desnudo atado de pies y manos a una especie de potro, con una ligadura que le ajustaba un pelota de squach para amordazarlo y un antifaz que le impedía ver nada, en una mugrienta casa de aperos, lejos de miradas y oídos ajenos, en medio de un campo perdido de la mano del supremo en el municipio de Santa Margarita.

Lo último que escuchó más allá de un repetitivo estruendo mecánico, fueron unas voces masculinas con acento italiano que le susurraban irónicamente: «Vas a sufrir stronzo, saludos de Antonella».

Fue sodomizado durante 12 horas seguidas por un martillo percutor industrial hasta provocarle la muerte.

El 2 de enero, se halló una nota bajo la puerta de su domicilio donde se despedía de su familia y pedía perdón por no poder soportar más seguir viviendo y que lo hallarían sin vida en «el Cap Blanc», un bello espacio con un marco natural que entraña una leyenda negra por ser el último y solitario destino de quienes deciden arrebatase a sí mismos la vida, cuyos únicos testigos de ello son un faro y una torre de defensa, proyecto presentado por Emili Pou e inaugurado el 31 de agosto de 1863.

Ahí, al día siguiente, se reencontraron Francisca y Antonella, una mañana soleada, a las diez y diez, mientras contemplaban como una grúa de rescate izaba el Mercedes-Benz CLE cabrio 2022, que como una lujosa lata funeraria, casi intacta a pesar del enorme salto que había sufrido, contenía los restos mortales de Norberto.

Acerca del autor de la publicación

TONI BAUZÁ

Director Contenidos y Audiovisual | Agente de Prensa | Mallorca
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