Es curiosa la facilidad que tienen las empresas públicas en Mallorca de «jubilar» su patrimonio social (ya sea tecnológico y humano), eliminando sin contemplación, todo vestigio de épocas y experiencias anteriores que han marcado la historia de la isla.

Este es el caso de la propia historia de Ferrocarril de Mallorca, un ejemplo claro de cómo se «jubiló» a esta empresa de transporte público, dejándola a un respiro de su desaparición, y a merced del capricho de los políticos de turno vendidos al turismo y a sus rémoras. Pero la historia, caprichosa como ella sola, marca los tiempos y coloca de nuevo las cosas en su sitio. Las viejas máquinas y vagones que antaño circularon por la isla, desaparecieron de nuestra memoria colectiva, porque la orden dada fue, no solo «jubilar» la historia del ferrocarril de Mallorca, sino también de canibalizarla hasta que no quedara ni los huesos de ella.

Pero a veces, el tiempo, que ayuda a olvidar, también ayuda a recordar, y la población de Mallorca, en su necesidad de un transporte público de verdad, ha acabado recordando los 267,2km de red ferroviaria que llegó a tener la isla, y a ilusionarse de volver a recuperar tan extraordinaria aventura y ventaja social. El único problema que se topa la sociedad, es la baja calidad de gestión que existe para mantener y acrecentar esa ilusión y necesidad social que hoy los ciudadanos vuelven a descubrir como imprescindible.

Y dijo baja calidad de gestión, porque, de igual modo que se gestiona «jubilando» el patrimonio humano sin pena ni gloria, de igual modo se gestiona el patrimonio ferroviario, jubilando el material rodante y dejándolo arrinconado y a merced de los caníbales de turno. El problema pues, está identificado y debe solucionarse lo más pronto posible.

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