Dicen que un grupo de científicos de Estados Unidos y el Reino Unido ha completado por primera vez el mapa cerebral de un insecto conocido -todo lo popular que pueda ser- como la mosca del vinagre y que en su denominación más culta se corresponde con la de Drosophila Melanogaster.

Tras 12 años de estudiar el cerebro de ese insecto, estos científicos se han pronunciado afirmando que el cerebro de esa mosca tiene una muestra genética muy parecida a la humana y que por ello representa un gran avance en ayudar a descubrir como funciona el nuestro.

Esta especie de díptera ha sido definida por C.Pradera como un insecto que se conforma con poco. Una pieza de fruta caída y podrida bajo una mesa es un festín para ellas y si no se cambia a menudo la bolsa de la basura pronto colonizaran el cubo que le da cobijo. Este especie de mosca es bien conocida por su tendencia a ingresar fácilmente a los hogares en busca de calor y comida en ambientes de putrefacción

¡Vale pues! Y ¿porque será que cuando ha surgido la noticia que comentamos más me relaciono con una individua que es capaz de promocionar un cántico de adolescentes en el que desean la muerte a un adversario político… “Que pena me da, que pena me da, que la madre de Abascal no pudiera abortar”. ¿Me siguen?

O cuando aconseja a las chicas que no practiquen sexo con un hombre porque pueden autocomplacerse con una gran gama de aparatos. Será por eso que ha llegado a la conclusión y así lo ha manifestado que… “los hombres son bastante violadores en nuestro país”.

Y tú, eres una enferma estratosférica. Tu papá, que no debiera existir si es que has seguido tus propios consejos de cambiar al hombre por un aparato autoestimulador, ¿es también un ser bastante violador?

Llegado a este punto, y después de haber hurgado, hemerotecamente hablando, he decidido intentar un acercamiento con el maestro de ceremonias de estos científicos que tras 12 años de estudiar el cerebro de la mosca del vinagre han resuelto asegurar que en el comparativo con el cerebro humano aquel es muy parecido genéticamente al nuestro.

Oiga, y ¿no será que para estudiar ese comparativo han dado con el de la PAM? Así, sí recomiendo a los estudiosos de ese tipo de genética que utilicen todos los elementos asépticos defensores de la proliferación vírica, y que de esta manera no se multiplique la que hoy por hoy es tan solo un defecto de forma en el ser humano. Recuerden que el terreno en donde mejor se desarrolla esta mosca es en los lugares harto de podredumbre. La ventaja es que la duración de su vida desde que aparecen como larvas, es de 30 días, y Dios me libre desear que se repita en otras (moscas, naturalmente) tan poco tiempo de vida, a la vez que lamento que una mariposa que aporta belleza y mejora a los ánimos humanos tenga un período tan corto para revolotear a nuestro alrededor.

¡Qué pena, qué pena me da, que la mosca del vinagre se parezca tanto en su genética a la de la tal PAM!

Hay otras muchas moscas que incordian hasta en las partes mas íntimas del ser humano, pero no por eso vamos a despreciarlas. En algunos momentos de nuestra vida su reconocimiento nos sitúa en dónde la expresión pierde su honesto nombre, y con ello muchas veces resoplamos de alivio.

Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas. Y a ver si de una vez por todas le dan trabajo a esa díptero y pueda justificar el cobro de unos emolumentos que no merece.

Y ¿para esto, el que apesta a azufre la ampara como Secretaria de Estado de un innombrable ministerio del gobierno del Reino de España?

Pues eso

Acerca del autor de la publicación

Víctor Gistau

Periodista | Director Área Internacional

1 pensamiento sobre “El cerebro de la mosca del vinagre

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