GRUPO PERIÓDICO DE BALEARES

Periodico de Baleares

El papel de la mujer en el mundo de la vela de competición dio un bordo definitivo en 1990, cuando la tripulación del Maiden, liderada por la navegante británica Tracy Edwards, completó la Whitbread Arround The World Race, la circunnavegación del globo que posteriormente se convertiría en la Volvo Ocean Race.

Maiden Factor, el barco a bordo del cual se realizó aquella legendaria travesía, recaló el Real Club Náutico de Palma el pasado 25 de febrero, tras la primera etapa de una gran gira cuyo objetivo es concienciar al mundo contra el maltrato infantil bajo el lema: “Educa a una niña, cambia el mundo”.

Un grupo de regatistas –chicos y chicas– de la escuela de base del Real Club Náutico de Palma tuvieron ayer tarde el privilegio de visitar el Maiden y conocer una de las historias más emocionantes de la vela mundial de la mano de Amalia Infante, responsable de comunicación del proyecto. Acompañados también por la coordinadora deportiva del RCNP, Vivi Mainemare, los jóvenes deportistas descubrieron los secretos de la vida a bordo de un velero de regatas de altura de principios de los 90. La embarcación ha estado un mes en Mallorca para someterse a trabajos de mantenimiento. Esta mañana ha retomado su travesía de circunnavegación rumbo a Miami.

Tracy Edwards es la impulsora de esta iniciativa benéfica, si bien en esta ocasión no forma parte de la tripulación femenina. La primera etapa de la vuelta al mundo zarpó de Dubai el pasado 15 de febrero e hizo su primera escala en Palma tras recorrer el Mar Rojo, cruzar el Canal de Suez y navegar por todo el Mediterráneo.

LEYENDA DE LA WHITBREAD

La historia del Maiden en la Whitbread tuvo una gran notoriedad hace 32 años al dejar en evidencia a quienes pensaban que un equipo femenino no podría soportar la dureza de una vuelta al mundo por las altas latitudes del hemisferio sur. Tracy Edwars y su tripulación tuvieron que soportar el desprecio de algunos de sus rivales y de parte de los medios de comunicación especializados de la época, pero no sólo lograron estar en la línea de salida (gracias, entre otros, al curioso apoyo del rey Hussein de Jordania, que financió el proyecto), sino que concluyeron la circunnavegación y se adjudicaron la victoria en dos de las etapas. Una de ellas fue la que transcurría entonces entre Uruguay y Fremantle a través de las aguas del Océano Sur.

EL DOCUMENTAL

La historia del Maiden cayó con el tiempo en el olvido, una vez se hubo normalizado la participación de la mujer en las grandes regatas internacionales, incluidas la Vendée Globe o el récord de la vuelta al mundo en solitario. Hasta que, en 2018, el documental The Maiden, dirigido por el cineasta Alex Holmes, recuperó la epopeya pionera comandada por Tracy Edwards para las nuevas generaciones de aficionados a la vela de altura.

El film tuvo un gran éxito de crítica y de público. Los que conocían el acontecimiento tuvieron ocasión de rememorarlo; los que nunca habían oído hablar de él descubrieron una historia épica y el papel esencial que Edwars, con su determinación y su personalidad arrolladora, jugó ha jugado el reconocimiento del deporte femenino, no sólo de la vela.   

A PUNTO DE DESAPARECER

Cuatro años antes del estreno, en 2014, la patrona del Maiden había abierto por casualidad un correo electrónico en el que un desconocido le informaba de la situación de abandono de la embarcación en Mahé, una de las islas Seychelles. Hacía mucho que Edwards le había perdido la pista al velero (lo vendió en 1990, nada más concluir la Whitbread), pero la posibilidad de que pudiera desaparecer para siempre la llevó a rearmarlo. No fue fácil. Su último propietario había dejado de pagar a la marina y el Maiden se había ido deteriorando hasta el punto de valer menos que la deuda que se había generado con el gestor del puerto.

Con todo, Edwards y otras mujeres que habían formado parte del equipo de la Whitbread decidieron repetir la experiencia de 1989, cuando ya hubo que (literalmente) reconstruir la nave, y ofrecerle al Maiden Factor una nueva oportunidad de seguir surcando los océanos, en esta ocasión como embajador de la defensa de la infancia.

Hoy, aquel barco de aluminio diseñado por Bruce Farr, que hizo historia en un tiempo en que la vuelta al mundo se suponía exclusiva para hombres, luce orgulloso sus 18 metros de eslora, como si acabara de salir del astillero y le quedara toda una vida de aventuras por la proa

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