La sinceridad no es sinónimo de certeza ni de verdad, por eso el necio utiliza esa palabra como si fuese etiqueta de garantía en lo que dice.

Se hace muy pesado escuchar a un ignorante sincero… es capaz de opinar con toda franqueza de algo de lo que no sabe absolutamente nada.

Peor es aún, el que es sincero y carece de inteligencia, pues además de llegar a la ignorancia por conclusiones erróneas, nunca alcanza una decisión u opinión acertada por sí mismo al faltarle capacidad de análisis.

Todos cometemos errores, pero no basta con sinceridad admitirlos si no hay capacidad de rectificarlos, pues una y otra vez todo queda en un «no era mi intención» o «tranquilo, yo controlo, cuando quiera lo dejo».

Y como por azar una verdad llegue a manos de un obtuso, esta se convierte en una forma de tiranía del tiempo, porque ésta retumba en su cabeza como un eco, que no sería ningún problema si no hiciera lo mismo con su lengua.

Es fácil detectarlos… Uno de sus parámetros más visibles es que son incapaces de controlar sus vicios, malos hábitos, aprender y manejar conceptos complejos que requieren amplia cultura e inteligencia…

Por ejemplo, mueren 52.000 personas al año por culpa del tabaco, de éstas 3.000, repito, 3.000 son inocentes, sólo han tenido la mala suerte de tener un fumador a su lado, muchos, son incluso niños… ¿Cuántos más tienen que morir para que cambien por su bien y el de los demás? ¿Qué sería lo inteligente?

Rodéate de personas de inteligencia ecléctica, que te hagan crecer espiritual, intelectual y sentimentalmente… si no serán como vampiros de tu tiempo y energía e incluso, de tu salud.

Acerca del autor de la publicación

TONI BAUZÁ

Director Contenidos y Audiovisual | Agente de Prensa | Mallorca
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