No soy de las personas que creen en el aprendizaje integrador con la naturaleza, sino de las que están totalmente convencidas de lo necesario, básico y elemental que es el hecho de que los niños aprendan de manera práctica todo lo siguiente:

  • Cómo cultivar alimentos de manera natural
  • Que conozcan en la práctica los primeros auxilios
  • Que aprendan a auto-gestionar su vida, sus emociones y sus necesidades básicas, de igual modo que aprendemos a respirar por intuición y por supervivencia
  • Que comprendan que forman parte de la tierra, pero que no son dueños de la misma ni de la vida que corre por ella
  • Que aprendan a mirar más allá de la selva de asfalto
  • Que entiendan que el mundo es global y que solo somos una pequeña e insignificante partícula de polvo en el cosmos
  • Que la mente es una herramienta poderosa, pero que el espíritu es más grande, más libre e infinito que cualquier pensamiento que pretenda encerrarlo con ideologías, creencias, dogmas, etc
  • Que saber alimentarse es más que cultura, es comprensión sobre la vida
  • Que jamás habrá equilibrio natural si no abandonamos el rol de animal depredador de la misma. Hemos de comprender que somos parte de… y no dueños de…

Decir que para enseñar a nuestros hijos estas cosas, no es necesario encerrarlos en lugares asépticos y aislados de la naturaleza y de los problemas existenciales de la vida; educar a nuestros hijos es darles la oportunidad de que ellos mismos descubran cuál es el mejor camino de vuelta de una hormiga a su nido, o qué pasa cuando discurre con fuerza el agua por una pendiente, o porqué un árbol crece mejor acompañado en el bosque, que solitario y aislado de los demás árboles.

Los niños son potenciales creadores

Los niños no son máquinas grabadoras, acumuladoras de noticias, sino potenciales espíritus grandes y creadores que precisan de un espacio vital, limpio y natural donde soltar su imaginación, sus capacidades y esos conocimientos universales que llevan dentro, y que los adultos hemos olvidado que también los tenemos, al estar transitando a ciegas por el camino de la vanidad y del orgullo.

Y no hay otro camino amigos; el futuro no está en manos de nuestros hijos por el mero hecho de la descendencia o por el peso que la historia les otorgue o les niegue, sino por el potencial que ellos llevan dentro y que tarde o temprano eclosionará, con o sin nuestro permiso. Preparémonos, porque ahora empezará el verdadero camino de evolución, aunque todavía parezca que estemos a años luz. Siempre los caminos de la vida son y serán inescrutables para las mentes y espíritus cerrados, pero no para los jóvenes que reclaman a gritos su espacio vital. Y con razón.

Acerca del autor de la publicación

José Joaquín Méndez González

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