Una conciencia en paz es el mejor antídoto para el insomnio, el problema, estriba en el marco de referencia a partir del cual revisamos el contenido y resultado de nuestras acciones

En un mundo que nos enmarca en la tiranía inmoral de que, por dar un ejemplo, todos utilicemos dispositivos electrónicos que precisan coltán para funcionar eficientemente, pero que a nadie parece importar, a pesar de que hace décadas que lo sabemos, que los niños en el Congo son esclavizados para su extracción hasta la muerte.

Qué decir que cada día mueren de hambre unos 18.000 niños de entre uno y cuatro años… repito, cada día, lo peor, es que todos sabemos que la mayoría son por causas evitables. 540.000 al mes, 6.480.000 al año, es decir, cada 365 días mueren tantas criaturas por el hambre, que no superan los 5 años, como judíos fueron asesinados por los nazis.

Por ahora, en la injusta guerra de Ucrania, si es que hay alguna guerra que no lo sea, ya han fallecido más de 2.000 civiles inocentes. Y el miedo que están provocando los grandes medios de comunicación occidentales, como dice el mediático Coronel Baños: “Expanden una de las estrategias de toda guerra: La difusión de una gran mentira para posicionar la opinión pública hacia la dirección de los intereses de los oligarcas y para ello, nos incitan a despertar emociones irracionales asociadas a falsas causas del conflicto”.

Parece ser que algunos somos ‘solidarios de mercadillo’, nos subimos al carro humanitario cuando cara la galería está bien visto, como es el caso de la trágica situación bélica de Ucrania, donde la diplomacia, la política y los caciques que se dividen el mundo parece importarles poco el sufrimiento de inocentes…
Muchas personas intentamos paliar el sufrimiento del más necesitado, la diferencia está en la verdadera motivación interna al realizarlo para que no sea puntual, sino una auténtica forma de ser bondadosa, es decir, que no se precise una guerra para serlo, sino baste una conciencia y moralidad preexistente.
Se necesita coraje para responsabilizarse de haber permitido a políticos títeres de un poder en la sombra, que el mundo sufra tanto, no por ellos, sino por nuestra propia desidia, pues muchos más morían y siguen muriendo antes que esta inmoral guerra.

Debemos recuperar la generosidad como forma de vida, el respeto a uno mismo, a los demás y a la naturaleza, lo cual, entraña dejar de ser hipócritas al sostener un modelo de vida frenéticamente consumista y contaminante del medioambiente que, además, nos hace dependientes del grifo energético controlado por ‘puticriminales’.

Así mismo, la prudencia nos invita a no enfadar a esa jauría de líderes psicópatas que nos dirigen al servicio de lobbies de poder económico perniciosos… De hecho, nadie conoce realmente quién gobierna este mundo, por eso, debemos empezar por saber gobernarnos a nosotros mismos para que se refleje un cambio en nuestro entorno.

No es lo mismo tener éxito en algo en la vida que ser digno de haberlo conseguido. Ese es uno de los agujeros negros de la inmoralidad social que padecemos. Hay demasiada gente que chupa de la teta de haber nacido en el lugar y condiciones adecuadas para tener grandes beneficios sin moralmente merecerlos. Es preciso que recuperemos ciertos valores éticos que se expresen en nuestras acciones del día a día, dando a cada uno lo que merece.

Decencia en nuestras acciones, justicia en las reivindicaciones y una brújula moral que nos indique el camino correcto, son los instrumentos que debemos aplicar cada día, sin tregua, lo antes posible, sin otra motivación primera que la de nuestras propias conciencias.

Deja un comentario

Abrir chat
1
¿Cual es tu información o denuncia?
GRUPO PERIÓDICO DE BALEARES, tan pronto nos resulte posible, será atendido, gracias.
A %d blogueros les gusta esto: