La envidia es un sentimiento natural del ser humano que surge en los contextos de socialización, y no es una reacción consciente o deliberada. Se relaciona más bien con la falta de aceptación propia, que empuja a la persona a compararse con los demás.

La envidia aparece cuando se siente rabia en lugar de orgullo por otra persona. «Estoy en el trabajo y reconocen el trabajo de una compañera». En lugar de sentir admiración por su valía, siento rabia: envidia. Esta disfunción ya es un malestar en sí mismo, pero parte de otro malestar, el no admirarnos de verdad a nosotros mismos y genera el aumento de ese mismo malestar. La envidia retroalimenta la desconexión del orgullo y de la valoración personal.

Un envidioso es incapaz de ser caritativo, es malicioso, injusto, hostil y actúa con resentimiento. Es una forma de experimentar una emoción negativa (furia, resentimiento, cólera, exasperación, indignación, fastidio, irritabilidad, hostilidad, pesar, melancolía, pesimismo, pena, autocompasión, abatimiento, desesperación) que se transforma en sentimientos y luego en pensamientos desagradables.

Estas personas se caracterizan por tener una autoestima muy baja principalmente. Les invade un miedo terrible e irracional al creer que siempre están por debajo de los demás

 Asumiendo que la otra persona posee lo que nosotros queremos y no poseemos o lo tenemos en menor cantidad o cualidad, ello nos hace sentir, enojados, tristes, deprimidos, desolados, desanimados, desesperados, desesperanzados, y pensamos que tiene lo que no se merece y nosotros no tenemos lo que tiene. Al compararnos socialmente con otros surgen nuestras deficiencias o carencias, pues siempre hay alguien mejor que nosotros.

La envidia hacia los compañeros es una de las recurrentes, frente a la de la pareja o de los amigos.

Si no se sabe gestionar adecuadamente esta envidia puede hacer que saquemos lo peor de nosotros, ganándonos la enemistad no únicamente de la persona a quien envidiamos sino también del resto de compañeros. Nuestra obsesión hacia aquella persona que creemos que es mejor que nosotros, lejos de hacernos mejorar, perjudica nuestro rendimiento, haciendo que incluso quedemos mal, perdiendo incluso sin darnos cuenta lo mas querido para uno mismo.

A veces, la envidia puede volverse tremendamente dañina para uno mismo y para los demás en personas más narcisistas que necesitan constantemente sentirse especiales, grandes, exitosos, poderosos, brillantes, admirados, y cuando esto no se cumple pueden sentir una envidia destructiva hacia los demás por lo que tratarán de quitarle al otro lo que tiene o de devaluarle para poder mantener su imagen exaltada frente al otro; pues les es complicado asumir que otro pueda tener cosas que ellos no tienen, y sentir que otro puede ser mejor que ellos en algo.

Todo el mundo hemos sentido envidia alguna vez, el problema no es sentir envidia, sino qué se hace con esa envidia. Cómo la gestionamos y actuamos.

Con envidia nunca podrás ser feliz ni disfrutar de lo que tienes, porque siempre estarás soñando con lo que tienen los demás, en lugar de dirigirte en conseguir tus propios sueños.

La mejor competición que puedes hacer es contigo mismo. Supérate a ti mismo cada día para alcanzar la mejor versión de ti mismo.

Séneca escribió que “nunca serás feliz si te atormenta que otro lo sea más que tú”.

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NURIA SERAL

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