Después de que el arqueólogo Howard Carter abrió la tumba de Tutankamón en 1922, murieron 6 de las 26 personas relacionadas con las excavaciones. Estas muertes, conocidas como la «maldición del faraón», han generado varias teorías. Algunas sugieren que fueron causadas por hongos tóxicos liberados del sepulcro, otras apuntan a altos niveles de radiación por materiales como el uranio, y también se consideran fenómenos sobrenaturales.

Las inscripciones en algunas tumbas advertían sobre enfermedades incurables para quienes las profanasen. Según Fellowes, los antiguos constructores eran conscientes de estos peligros y las advertencias en las tumbas respaldan la teoría de que la maldición tenía una naturaleza biológica y no sobrenatural.

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