Había una vez una joven, que en una noche oscura y misteriosa, decidió aventurarse al jardín de su casa. La luna, en menguante, a penas se dejaba ver entre los inmensos árboles que rodeaban su hogar, sumiendo el lugar en una penumbra intrigante, sin embargo, no se sentía sola, había elegido un canto melodioso de pájaros como música proveniente de su teléfono, canto que sonaba en la quietud nocturna. Era muy curioso escuchar el canto de los mirlos entre otros alegres pájaros a altas horas de la noche.

Mientras viajaba entre las sombras, las flores del jardín tomaban formas caprichosas, como si éstas, cobraran vida propia, y a partir de ahí empezó su cuento– Un duendecillo de madera, con una sonrisa serena y a la vez juguetona, y con el pelo pelirrojo acabado en punta y peinado hacia adelante, parecía acompañarla desde la copa de un árbol, sentado sobre un nido de pájaro, e irradiando la paz y serenidad que tanto necesitaba la joven. Este, la hizo sentirse atraída totalmente hacia el y hacia toda la escena que rodeaba tal espectáculo, como si estuviera siendo guiada hacia un mundo encantado. Estaba abrumada por el silencio y la brisa que soplaban de forma suave y agradable, moviendo las ramas de los árboles.

Por primera vez su teléfono, que tan poco le gustaba, había sido una herramienta diferente para ella, la estaba llevando a otra dimensión, momento que jamás su mente borraría.

Se empezó a relajar tanto que su mirada se centró en los árboles, las hojas, sus formas, los colores…el movimiento de las ramas.

De repente, destellos de luz danzaron detrás del pequeño duendecillo, y también, de las ramas de los árboles, siendo movidas por el suave aire que corría en esa noche mágica, al compás de la melodía nocturna.

Las flores blancas del jardín, parecían expresarse en un lenguaje silencioso y seductor, moviéndose lentamente al canto de los pájaros, los verdes cambiaban de colores, transportando a la joven a un estado de una especie de éxtasis. El duendecillo, animado por la música y la magia que lo rodeaba, empezó a cobrar vida, moviendo de vez en cuando, muy ligeramente, su cabeza hacia ella, transmitiéndole un mensaje de paz y conexión con el universo, le hablaba de que si se dejaba llevar, su mente la podría transportar a lugares increíbles, escuchando su corazón, su alma, su sentir, sin pensar en nada que pudiera perturbar esa enriquecedora experiencia.

La joven, no estaba sola, su fiel perro estaba en la tumbona de al lado, dejándose llevar también por esa experiencia única que estaban viviendo ambos. De repente, Thor, su perro, empezó a roncar, sus ronquidos eran tranquilos , era evidente que estaba muy a gusto. La joven, pensó, que preciosa compañía tenía a su lado, de un ser vivo que la estaba acompañando solo con su presencia, sin necesidad de un diálogo, el diálogo era la magia de la noche que Thor y la joven compartían.

En medio de ese silencio, comprendió la importancia de disfrutar el momento presente, y de conectarse consigo misma y con la naturaleza que la rodeaba y a la vez envolvía. La paz que irradiaba el duendecillo le enseñó que la felicidad reside en amarse a uno mismo y en apreciar esas pequeñas cosas de la vida, que raramente el ojo humano es capaz de ver, pero que no son difíciles para el que las sabe ver desde el corazón.

Mirando de nuevo a su perro, su paz se añadía a la que ella ya tenía, así que decidió quedarse a dormir en la tumbona, disfrutando de ese momento tan especial, hasta que sus ojos se cerrasen.

La joven, se quedó dormida. Al amanecer, despertó, levantó su cabeza, miró a su alrededor, y vió a su perrito que seguía en la otra tumbona, dormido, pues había decidido compartir hasta el final, en silencio, ese conmovedor e inolvidable rato, y con una sensación de renovación y gratitud, se miraron, afirmando con sus miradas que la noche había sido mágica.

A pesar de los problemas cotidianos. tenía mucho que agradecer. Su encuentro con el duendecillo, la había llenado de alegría y esperanza, recordándole la magia que existe en el mundo, cuando se observa con los ojos del asombro y del amor.

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