2 de julio de 2022

GRUPO PERIÓDICO DE BALEARES

Periodico de Baleares

Unos dicen que “la casa en la que vivimos es demasiado pequeña para tener al viejo en ella”. Otros, que tienen mucho trabajo y nada de tiempo, primero está poder salir e ir al gimnasio antes que cuidar al vejestorio.

Los comedores sociales, hospitales o los llares para excluidos sociales se han convertido en el asistente forzoso de almas viejas, solas y abandonadas… pero ya no hay plazas, ni muchas veces cuentan con personal adecuado, pues muchos son personas dependientes.

Cínicamente, un auxiliar me decía: “no se mueren lo suficientemente rápido para que queden plazas libres en las residencias”.

Una infinidad de familiares abandonan a sus mayores cuando les resultan un estorbo en casa. Unos intentan dejarlos en urgencias de algún hospital o los consiguen ingresar para nunca más volver a verlos, otros directamente, como si fuera un perro, los dejan en algún parque para no volver a por ellos.

El problema en los hospitales a veces es tan grande que distorsiona su funcionamiento o la capacidad de atención a otras personas con patologías graves al irse ocupando muchas camas.Muchos de estos ancianos han trabajado toda la vida duro para sacar adelante a sus familias, de hecho, muchas veces se comprueba que la casa de los familiares que lo han abandonado es de su propiedad o la cedió bajo usufructo.

El dolor y sufrimiento de estas personas es terrible, tanto esfuerzo y lucha para acabar así.

Los auténticos valores de una sociedad se expresan en como trata a sus miembros más vulnerables…

Antes de esta crisis inflacionaria y bélica el 48% de los ancianos tenían una pensión por debajo del coste de vida, uno de cada 3 niños estaba condenado a la pobreza severa… el 53% de las familias monoparentales estaban en riesgo de exclusión social.

Morían 37.000 personas al año, la mayoría enfermos crónicos, ancianos y niños con gran discapacidad porque no les llega la ayuda para la dependencia…

Unas 52.000 personas perdían la vida por culpa de las largas listas de espera, falta de medios y personal sanitario… pero como morían en un “goteo” constante, repartido de mes en mes, nadie hizo nada para evitarlo… las urgencias nunca colapsaban lo suficiente, y muchos, hipócritamente se sacaban “al abuelo, al enfermo, al inválido de encima”.

Todavía recuerdo la cantidad de ancianos solos en los hospitales, o como un cochazo dejaba desorientado en verano al anciano delante de la puerta del “Hospital de Nit, el de los pobres” para que se lo “guardáramos” mientras lo asistíamos e investigábamos quién era.

En nuestro “solidario país” se suicidan 3.668 personas al año, el doble de personas que muertes se producen por accidente de tráfico.

No, España no es ningún ejemplo de solidaridad, sino que algunos españoles sí lo son, que no es lo mismo.

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