Revisando poetas de Mallorca y leyendo algunos poemas de autores que estuvieron
antes que nosotros, me he topado con unos datos muy interesantes, que creo que
conviene recordar. Y es que mis artículos en este periódico se van a encaminar, hacia
la opinión, la cultura, y por supuesto la literatura. Dentro de ella no podía dejar atrás la poesía.

Y conviene recordar aquellos que nos han precedido y hoy tocar hablar de las islas, y
de la poesía que de ella se emana y que ha dado grandes nombres, a la poesía
española. Vamos a centrarnos en la Escuela Mallorquina.

La Escuela Mallorquina es el nombre que recibe el movimiento literario formado por un grupo de poetas mallorquines, especialmente los integrantes de la revista La nostra terra. Este movimiento tuvo lugar durante la primera mitad del siglo XX y los primeros años de la posguerra. Recoge los ideales de recuperación y de la exaltación de la cultura de Mallorca. Por tanto, la Escuela Mallorquina supone una importante
contribución al crecimiento, la promoción y la puesta en valor de las letras mallorquinas.

Los primeros años del siglo XX son un momento importante para las letras catalanas
en Mallorca, ya que se pasa prácticamente de la desaparición de la Renaixença, cuyos principales escritores mueren o dejan de escribir, al nacimiento de una generación de escritores que representará un auténtico siglo de oro para las letras en las islas.

Precisamente del legado de Miquel Costa i Llobera y de Joan Alcover nacerán
diversas generaciones de poetas que pretenden continuar los caminos estéticos por
ellos trazados. Tanto Costa i Llobera como Joan Alcover coinciden con el Modernismo, si bien asimilan esta tendencia estética sólo en parte. Costa, con sus Horacianes (1906), se convierte en un emblema para los escritores del Noucentisme, que pretenden volver a una poesía de tema y forma clásicos y de espíritu mediterráneo. Joan Alcover, en cambio, contrario a la rigidez del parnasianismo, apuesta por una poesía de intención esencialmente comunicativa. Ambos poetas influyen en la poesía de todo el siglo XX, especialmente en la escrita en Mallorca.

En 1906 apareció la revista Mitjorn, que solamente se publicaría durante ese año. Sin
embargo, es la primera señal de identidad de la nueva promoción de escritores, que se denominan a ellos mismos Escuela Mallorquina. Este grupo de escritores, encabezados por Miquel Costa i Llobera , asumieron los ideales de la Renaixença en las Islas Baleares.

Los principales autores de la Escuela Mallorquina son dos: los mencionados Miquel
Costa i Llobera y Joan Alcover i Maspons. Fueron los iniciadores del movimiento y sus máximos exponentes.

Aparte de ellos, se ha dividido históricamente al resto de escritores participantes del
movimiento en dos generaciones: La primera generación la conforman Miquel dels
Sants Oliver i Tolrà, Emília Sureda i Bimet, Maria Antònia Salva i Ripoll, Llorenç Riber i
Campins y Miquel Ferrà i Juan
. La segunda generación está integrada por Miquel Forteza i Pinya, Guillem Colom i Ferrà, Andreu Caimari i Noguera, Joan Pons
Marquès, Bartomeu Guaso i Gelabert, Miquel Colom i Mateu y Miquel Gayà i Sitjar
.

Sus características son muy similares a las del noucentisme, con la particularidad que
en el noucentisme había colaboración de los poderes políticos con los intelectuales, en las Baleares eso no fue así por la situación política. Sin embargo, a nivel estético hay ciertas coincidencias.

Podemos destacar entre sus características:

Hay una gran atención a la forma, que es pulcra y rigurosa. Se tiende a versos
medidos y con mucha musicalidad.

Predomina el lenguaje depurado y elevado.

Las composiciones tienen trasfondos mediterráneos y están marcadas por el humanismo clásico.

Se siguen los modelos literarios clásicos o clasicistas, así como a los autores
románticos franceses.

Canto a la naturaleza.

Contención de los sentimientos.

De las dos generaciones de escritores y poetas vamos hablar de una mujer, por aquello que las mujeres en el arte y en la literatura hemos sido siempre invisibilizadas u olvidadas: María Antònia Salvà i Ripoll, considerada la primera poeta moderna en catalán.

Hija de una familia de terratenientes, pasó los primeros años en las tierras que la
familia poseía en Llucmajor, con sus tías, a las que el padre le había confiado, ya que la madre murió cuando María Antonia era muy pequeña. A los seis años regresó a
Palma junto a su padre, que ejercía de abogado, y estudió en el Colegio de la Pureza.

El contacto con la Renaixença mallorquina y la amistad con la familia de Miquel Costa i Llobera potenciaron la vocación literaria que ya escribía desde pequeña. Un revulsivo muy importante fue el descubrimiento del poema Canigó de Verdaguer,
obra que se sabía de memoria y que se convirtió en un juego poético con su padre.
Vital y refinada, dedicó su vida a escribir, traducir y leer. Vivió entre Palma y Llucmajor, en La Llapassa, la posesión solariega. Allí recibía numerosas visitas y escribió un extenso y valioso epistolario con los escritores e intelectuales de su tiempo. Su contacto vital y cotidiano con la naturaleza y el vocabulario de la ruralía, son determinantes para entender su poesía que inició, a finales del siglo XIX, bajo la
maestría de Miquel Costa i Llobera. En 1910 publica el primer libro Poesies, con prólogo de este autor.

Además de su obra, su faceta de traductora fue destacable: tradujo obras de Frederic
Mistral
(Les illes d’or, y Mireia), de Francis Jammes (Les Geòrgiques cristianes), de
Alessandro Manzoni (Els promesos), y de Santa Teresa del Niño Jesús. Sus exequias en Lluchmayor, en el año 1958 fueron una gran manifestación de dolor popular. Su
obra se centra especialmente en el paisaje. Josep Carner publicó en 1957 una extensa Antología poética sobre la autora, precedida de un importante estudio crítico sobre su obra.

Los libros más representativos de la poeta son Espigues en flor (1926), con prólogo de Josep Carner (un gran escritor, crítico, periodista, poeta que marchó al exilio tras la guerra), El retorno (1934), sin duda su obra más importante, y Lluneta del pagès
(1952).

Fue una mujer que salvaguardó la lengua catalana, y se vio siempre enfrentada a la
censura por publicar sus obras en catalán. En los últimos años de su vida recibió el
homenaje de la intelectualidad mallorquina.

Como ha ocurrido con otras escritoras históricas, la obra de Maria Antònia Salvà ha
tenido que superar los prejuicios que socialmente han situado la literatura escrita por mujeres en un segundo nivel. Sin embargo, en la actualidad es considerada un clásico moderno.

El pasado 28 de enero la ONCE Impulsa una serie de cupones ‘Con letra de mujer’,
con lo que pretende reconocer y reivindicar la figura de las escritoras a lo largo de la
historia. Entre ellas encontramos a esta mujer, con el objetivo de difundir su figura
literaria y personal y que sirva de reconocimiento a su labor, y a que puedan ser más
conocidas por el gran público, tanto en su Comunidad Autónoma como en el resto del territorio. Muchas no tuvieron fácil dedicarse a la Literatura y, algunas de ellas, se
vieron obligadas a firmar con un pseudónimo masculino. Cinco millones y medio de
cupones llevaron la imagen de la escritora balear.

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