A propósito del reciente Día Mundial del Donante de Sangre que se celebra el 14 de junio de cada año, permítanme los lectores del PERIÓDICO DE BALEARES, hacer algunas reflexiones sobre la trascendencia para la sanidad en general, sobre el voluntario y altruista gesto de los Donantes de Sangre ofreciendo lo más “íntimo de su patrimonio” que es su propia sangre.

La evolución de la hematología como especialidad médica unida a la hemoterapia, ha sido especialmente intensa en las últimas décadas lo que ha obligado a conseguir cada vez más donantes para satisfacer la demanda de las transfusiones de sangre completa o de alguno de sus componentes. El problema de la obtención de ese mayor número de donantes ha sido una labor compleja, primero por el desconocimiento lógico de los inicios y después por la especial sensibilidad que todos tenemos hacia este líquido vital.

Primero había que recurrir a los familiares de los enfermos o accidentados, después a compensar económicamente por ello; y por fin, disponer de un colectivo que gracias, en el caso de España, a las asociaciones y las llamadas hermandades de donantes de sangre desde los años 60 y 70 del pasado siglo, lo hicieron posible bajo el marchamo de la gratuidad y generosidad, es decir, de la voluntariedad y el altruismo.

Naturalmente esa creciente demanda transfusional, iba en consonancia con los avances que los profesionales médicos ponían en escena para recuperar la salud de los enfermos y en muchos casos salvar su propia vida. Baste decir que, en nuestro país, cada día, se llevan a cabo unas cinco mil transfusiones de sangre, plasma, plaquetas, etc., y que, también cada día, ochenta personas salvan su vida gracias a ella.

Por fortuna en España hemos llegado ya hace casi décadas a la autosuficiencia, pero para seguir garantizando esa autosuficiencia hay que divulgar, fomentar y especialmente incorporar nuevos donantes y por supuesto fidelizar a los que ya forman parte de ese colectivo especial de los Donantes de Sangre que se sitúa en torno a dos millones de personas, que ofrecen cada año un millón y medio de donaciones.

Uno de los déficits que tenemos, no solo en España sino en toda Europa, es el plasma (un 55% del volumen sanguíneo) de cuyas proteínas se obtienen diversos medicamentos y que tanto el proyecto “Supply” como el programa “Soho” impulsados desde la Unión europea, tratan de conseguir el autoabastecimiento de plasma nacional en cada país, sin tener que recurrir a la importación, de procedencia no altruista.

Ese mencionado colectivo agrupado en las más de ochenta asociaciones que había en España a mediados de los ochenta, fue a su vez federándose en estructuras autonómicas y después en la Federación Española de Donantes de Sangre, que tuve honor de fundar y presidir durante treinta años hasta el 2020. En esta labor no puedo olvidarme de quien fue uno de los pilares del éxito de la Federación Nacional desde sus inicios, al contar con Víctor Gistau Moreno como vicepresidente. Después fue Director del Banco de Sangre de Sangre y Tejidos de Baleares, desarrollando una impagable labor y actualmente Director de Internacional de este Periódico.

Por cierto, ya que hablé al principio del Día Mundial del Donante de Sangre, me gustaría aclarar lo que erróneamente se dice respecto a la OMS como que fuera quien implantó dicha efeméride. Falso. En el año 2001 siendo yo mismo, además de máximo responsable de la Federación Española, Presidente de la FIODS (Organización Mundial de Donantes de Sangre) en una asamblea celebrada en Ginebra, se estudió la conveniencia y así se aprobó, de celebrar una jornada en todo el mundo dedicada a los donantes de sangre. (Hasta ese momento en cada país celebrábamos un Día nacional del Donante de Sangre en fechas diversas) La elección de la fecha fue fácil pues yo mismo y varios responsables de otros países pensamos en el Dr. Karl Landsteiner (médico especialista en anatomía patológica y biólogo) nacido el 14 de junio de 1868 en Viena, descubridor en 1901 de los Grupos Sanguíneos (ABO) y del Factor RH en 1940, así como Premio Nóbel de Medicina en 1930. Convinimos, por tanto, que la fecha de su nacimiento sería ideal para celebrar el Día Mundial del Donante de Sangre. Puse seguidamente esta propuesta en conocimiento de la Cruz Roja Internacional y Media Luna Roja y de la ISBT (Sociedad Internacional de Profesionales de la Transfusión Sanguínea) quienes acogieron la idea con entusiasmo. El siguiente paso fue informar de este acuerdo, por parte de la FIODS, FICR y ISBT, a la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidiéndoles que instituyeran el día 14 de junio como Día Internacional del Donante de Sangre y por tanto se pudiera conmemorar una jornada para significar, valorar, reconocer a este colectivo en todo el mundo, celebrando cada año un acto especial en un país distinto. La OMS lo asumió positivamente y quedó consolidada la fecha en 2005 por la resolución WHA58.13 de los ministros de Sanidad de todo el mundo, en la 58ª Asamblea Mundial de
la Salud. De aquí que este año el lema del Día Mundial del Donante haya sido: “20 años celebrando la generosidad. ¡Muchas gracias, Donantes de Sangre!

Dicho queda, al igual que también “queda mucho por hacer” porque todavía muchísimos países no alcanzan a tener un nivel razonable en este tema, como lo tenemos en Europa. De ahí que, en realidad, todos los días del año son necesarios para el fin que nos ocupa.

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