Foto: El olvido de uno mismo o perdiéndose entre recuerdos.

El Alzheimer o la demencia, se llevan a nuestros padres, abuelos o amigos a otro mundo. Y no me refiero a la muerte porque ese, es el último paso.

Me refiero cuando tu madre cada día va perdiendo la memoria. Dejando tinieblas donde antes había recuerdos o vivencias, dejando atrás lo que un día fue. Sin volver a retomar las riendas de su vida, ni luz en las tinieblas de su mente. No se acuerda de tomar las pastillas o de cocinar un plato que ha cocinado durante más de 40 años.

Cuando tu padre se olvidó de comer; salió a la calle perdiéndose a dos manzanas de su casa, donde toda su vida había vivido.

Cuando repiten una y otra vez la misma frase o nos cuentan la misma historia contada, unos minutos atrás. Lo peor de todo es cuando ya no te reconocen, es como si hubieras desaparecido ante ellos. Sintiendo una angustia que te oprime recorriendo todo el cuerpo, queriendo gritar al mundo una y otra vez, madre regresa a mí.

Es una enfermedad que los hijos muchas veces no comprendemos. Porque realmente no aceptamos ese cambio en ellos, porque son las personas que nos dieron la vida, nos educaron, amaron y nos protegieron.

Siendo ahora ellos los que están indefensos ante el mundo.

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JOANA ANDREU

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