El 13 de noviembre del 2002 un petrolero con nombre Prestige sufrió un accidente. Un fuerte golpe abrió una vía de agua a estribor. El buque cargado con 77.000 toneladas de fuel, después de seis días y de la poca actividad por parte de las autoridades, el barco se partió en dos a 130 millas de Fisterra; vertiendo 63000 toneladas de fuel al mar que fueron llegando a la costa, la gallega, aunque la cantábrica y la francesa también en menor medidas fueron tocadas por la marea negra.

La realidad es que en las primeras 20 horas tras el accidente, el Prestige vertió al mar entre 10 500 y 21 000 toneladas y que siguió echando fuel durante todo su recorrido frente a la costa hasta el momento de su hundimiento. Este primer vertido provoco una primera marea negra afectando a 190 Km de la costa de La Coruña. Una vez que el barco ya había naufragado se produjo un nuevo vertido, estimado en 10 000 toneladas, que provocó una segunda marea negra. Afectando desde Mugía hasta las Isla Cies.

La descoordinación política y de gestión tuvo en la solidaridad su contrapunto. La cara y la cruz de la tragedia. 300.000 voluntarios de todo el país llegaron a las costas gallegas para recoger chapapote, que no dejaba de llegar con las olas del mar.

El ‘chapapote’ inundó playas y obligó a prohibir la pesca durante meses en casi 1.000 kilómetros de litoral. Durante los nueve primeros meses posteriores al desastre se recogen más de 23.000 aves llenas de petróleo (17.000 de ellas muertas). Un informe pericial de la Fiscalía cuantifica en 3.862,42 millones el impacto ambiental y económico en el Estado español.

Una corriente de voluntarios llegados de toda España y de fuera de nuestras fronteras se movilizaron junto a los pescadores de la zona, sin apenas medios, para limpiar el fuel que teñía el litoral. En poblaciones como Muxía, en pleno centro de la catástrofe, se calcula que más de 120.000 personas colaboraron en las tareas de limpieza durante los meses en los que se trabajó contra el ‘chapapote’.

Las consecuencias del vertido sobre los ecosistemas gallegos fueron estudiadas por diferentes organismos oficiales, universidades y colectivos ecologistas. El número total de animales varados en la costa entre el 13 de noviembre y el 13 de enero fue de 128 animales: 54 cetáceos entre delfines comunes, delfines listados, delfines mulares y marsopas, de los que 32, el 60 %, tenían restos de fuel; cuatro focas, todas con fuel; siete nutrias, también manchadas y 63 tortugas, Caretta, 54 de ellas con fuel.

Los pescadores que participaron en la limpieza del vertido siguieron sufriendo problemas respiratorios cinco años después del accidente.

Dos décadas después, casi nadie discute que se tomó la peor de las decisiones posibles, y que lo más acertado hubiese sido meter al Prestige en alguna ría cercana, sacrificándola en beneficio del resto de la costa gallega. Finalmente, 2.000 kilómetros se vieron afectados por la marea de chapapote, entre España, Portugal y Francia. Aunque fue Galicia, con mucha diferencia, la que peor parte se llevó, con prácticamente todo su litoral contaminado.

“Hay sitios donde antes era muy abundante el pescado y ahora no lo hay. Por ejemplo, el pulpo quedó erradicado en muchas zonas después del accidente del Prestige. Y posiblemente ocurra lo mismo con otras especies de cerco y pelágicas” José Domínguez pescador y patrón de barco, hoy jubilado

20 años después solo queda un Monolito de recuerdo en que una tragedia unió esfuerzos de solidaridad para salvar no solo la fauna, sino medios de trabajo.

Si se aprendió algo de ese desastre solo el tiempo lo dirá, mientras muchos marineros siguen mirando al horizonte sin olvidar que sus retinas vieron el Caos en persona y las instituciones que debían dar respuesta. Hoy 20 años después siguen quedando incógnitas que posiblemente jamás se conocerán.

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NURIA SERAL

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