Con el 1,2,3 sabéis la de cosas que hay…

Cuando éramos pequeños jugábamos al 1,2,3, patito inglés, ¡Qué de divertido era el juego! o recitábamos 1,2,3, empieza otra vez.

Ahora mismo la fórmula que mejor me va es «contaré hasta tres”. Esas palabras tienen magia en ellas, creo que deben estar a la par con el poder «la chancla voladora» de nuestras madres.

Por mucho que la usemos no pierde su poder, decídmelo a mí que la uso más de 5 veces al día. Las clásicas para mí son:

– Contaré hasta tres, si no te levantas del suelo te castigaré. (Mi hija, en la maravillosa etapa de los 2 años, le ha cogido apego al suelo de la calle)

– Contaré hasta tres. Si no te metes en la ducha, te vas a bañar en la habitación y no limpiaré el estropicio (Mi preadolescente ha desarrollado una fobia a la ducha) todo eso en la puerta de su habitación, con un vaso de agua en la mano.

– Contaré hasta tres. Si no empezáis a recoger vuestro cuarto, os tiro los juguetes que haya fuera de su sitio.

– Contaré hasta tres. Si no estáis en la mesa para comer, os quito el plato. (Mis queridos hijos prefieren jugar y hacerse los sordos para no cenar, porque saben que se acaba el día)

Esos tres números son mano de santo. Obviamente el mayor los conoce más, pero está enseñando a la pequeña a que mama no llegue al tres.

 Es verdad que los uso cuando ya estoy cansada de batallar y empiezo a estar enfadada con mi prole. Pero cuando veo la urgencia en la que se mueven me tengo que esconder, por que se me escapa la risa.

Llegará un momento que crecerán demasiado y no será efectivo, pero hasta entonces…. ¡qué la magia del 1,2,3, me acompañe!

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ELI RUBÍ

Colaboradora
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